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Viajes Baratos

Historias de Viaje – Monasterio Tailandia

EL PRIMER MONASTERIO EN TAILANDIA

Cuando fui a visitar a los monjes en tailandia, iba con la intención de aprender más sobre la técnica vipassana. Había hecho algunos cursos bajo la enseñanza de Goenka y la tradición de Ubakin, pero quería ver qué diferencias podían haber con otras tradiciones.

El comienzo fue bastante interesante. Estaba en un templo en medio de la selva, y las sesiones de meditaciones se combinaban entre meditaciones sentadas, acostadas y caminando. Sólo eran tres durante el día, por lo cual es mucho más relajado que los retiros anteriores a los que había asistido.

En algún momento, tuve la oportunidad de hablar con uno de los monjes, y le pregunté si conocía la tradición de Goenka y qué opinaba al respecto. Su inglés era bastante básico, pero me dijo que no le gustaba que la gente estuviera tan enojada durante esos cursos. Con el tiempo, creo que he entendido a qué se refería, y creo que tiene que ver con que al estar tanto tiempo encerrados en uno mismo, y a la vez en el proceso de desintoxicación Vipassana, es muy posible que las personas nos centremos en lo negativo, y no seamos capaces de salir de ahí. Creo también que el proceso es necesario, y que Goenka, tiene fundamentos para justificar ésto, ya que justamente la observación es el primer paso para salir de ahí, pero soy capaz de ver también, el punto de aquel monje.

En este centro, el foco es que la persona entre en un estado de paz con la meditación, y que más allá de la desintoxicación de la que habla Goenka, la persona pueda mantenerse presente, sin darle importancia a los pensamientos, que en el caso de los cursos de Goenka, muchas veces se vuelven muy fuertes y parece imposible salir. Por otro lado, el hecho de incluir meditación caminando y acostados, permite hacer de la meditación algo mucho más cotidiano, y permite que el practicante, pueda meditar en cualquier momento del día.

En un principio, me costó entender el concepto de conciencia. Hacía movimientos lentos, marcados, ya que pensaba que así, mi meditación sería mejor, pero ahora entiendo que tiene que ver con ser conscientes de los movimientos naturales del cuerpo, así como cuando empiezas observando la respiración, se trata de observar el movimiento lo más natural posible, para que con el tiempo, puedas mantener un estado de conciencia mucho más frecuente, transformando tu vida en un estado constante de conciencia, de estar presente.

Otra de las cosas que incluyen estos cursos, son rezos. Durante una hora al día, los practicantes rezan juntos, bajo la tradición budista. Esto tiene un sentido de ego, ya que muchas veces la meditación nos aleja de Dios, y a veces, eso genera un estado de Ego, que la religión disuelve un poco, al entender que hay algo superior. Este entendimiento es diferente en cada persona, por lo que no entraré más profundamente en ello.

Aunque, en mi experiencia, usé parte de este tiempo para practicar metta.

Como si el monje hubiese sabido, me hizo un comentario acerca del amor que estaba proyectando. Esa noche, cuando estaba a punto de dormirme en la choza que me habían asignado, empezé a sentir fuertes ruidos de algo moviéndose. Inicialmente pensé que eran ratones, pero luego de un rato, la incertidumbre ya no podía más y tuve que encender la luz. Al hacerlo, me encontré con 3 tarántulas del tamaño de mi mano. Dos en el piso, y una en la muralla. Al estar en este centro, obviamente debes mantener un estado de paz hacia todos los seres por lo que no era mucho lo que podía hacer. Por otro lado, estaba muerto de miedo con ellas ahí. Tenía una red mosquitera, y aunque intenté meditar, no podía sacarlas de mi mente.

Al día siguiente, al conversar con el monje acerca de este episodio, él sonrió y me dijo que se debía al amor que había proyectado. Fue bastante acotado en su comentario. Pero creo entender que de una manera mágica, el lugar me mostró el nexo que existe entre el amor y el miedo. No pueden existir la una sin la otra, y que para amar de verdad, de manera pura y honesta, se debe comprender, aceptar, y ser capaz de superar el miedo. Antes de esta experiencia, si me hubiesen preguntado mi mayor miedo, no habría sabido que responder. Hoy puedo decir, que las arañas son unas acompañantes bastante particulares, que han aparecido en mi vida varias veces después de eso, como si el universo quisiera reforzar aquella enseñanza.

Con un monje.