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Viajes Baratos

Historias – Manta Raya

Cuando Pisé una Manta Raya y Nos Enamoramos de la Gente de Costa Rica.

Cuando llegamos a Costa Rica, veníamos desde Nicaragua, lo que significó una notoria diferencia. Por un lado, todo se veía mucho más desarrollado, pero por el otro, todo era mucho más caro. La primera noche que llegamos, recorrimos por horas la ciudad de Liberia buscando el alojamiento más barato posible. Aún así, nos pasábamos del presupuesto diario con sólo el alojamiento.

Esa noche, y a causa de lo mismo, nos dispusimos a irnos de ese lugar lo antes posible, y por la diferencia de precios, teníamos que asegurarnos que el presupuesto no se fuera de control.

Al frente de nuestro hostal, había una agencia de viajes con una pareja muy agradable dispuesta a ayudarnos a pesar de que de entrada supieron que no teníamos la capacidad para pagar nada de lo que ofrecían. Ellos nos recomendaron ir a un sector donde había una tal “Playa hermosa“ donde podríamos acampar unos días mientras disfrutábamos de la playa a pocos metros. Algo que consideramos ideal.

Al día siguiente partimos a primera hora, con solo algunas cosas, ya que nos permitieron dejar el resto en una bodega del hostal, lo cual hacía el viaje mucho más agradable.

Pocos metros antes de llegar, eran alrededor de las 11 de la mañana, y se pone a llover con toda la fuerza que se puedan imaginar. Nos bajamos y corrimos a un techo donde había varias tiendas. Por suerte, algunas estaban en reconstrucción por lo que no había gente que le molestara que estuviésemos ahí.

Luego de algunas horas, dejó de llover y pudimos disponernos a encontrar el camping dónde alojaríamos. Al llegar era un lugar bastante agradable, con parrillas para cocinar, y un terreno bastante amplio para instalar tu carpa, aunque no contaba con techos o algún tipo de protección contra la lluvia. Como había llovido, nos dieron algo para cubrir el suelo, para así evitar que se mojara la carpa por abajo.

Como aún era temprano, concordamos con Gery a que fuéramos a “playa bonita“, que supuestamente era la mejor de la zona. Hacía bastante calor en este punto, y la playa estaba a unos 5 kms, con harta subida, por lo que haciendo dedo y gracias a la ayuda de una camioneta, pudimos llegar sin problema.

Al llegar era espectacular, una playa muy larga donde pudimos ver hasta delfines nadando relativamente cerca de la orilla. Nos pusimos a caminar, disfrutando de la arena, la vista y terminamos en uno de los extremos de la playa. Había un árbol grande que daba sombra, así que era el lugar perfecto para estirar nuestra toalla y sentarnos.

Teníamos bastante calor, así que a los pocos minutos ya estábamos camino al agua. Al tocarla, estaba muy caliente, probablemente a unos 40 grados o más. Mientras caminábamos hacia adentro y aunque disminuía la temperatura, seguía estando caliente. Yo iba adelante, mientras Gery me seguía. Yo iba diciéndole que tuviese cuidado, debido a que habían muchas piedras, lo que podría generar alguna lesión o que se cayera.

En eso, siento que algo me muerde el pie. Lo primero que pensé fue que había sido una piraña, o algo por el estilo, pero un dolor terrible, probablemente el dolor más grande que he sentido alguna vez. Obviamente grité, y traté de caminar de vuelta hacia la orilla con mi pie sangrando. Al llegar a la orilla, y debido a mis gritos, la gente que estaba relativamente cerca de nosotros se acercó a preguntar qué pasaba. Le expliqué lo que me había pasado, le mostré mi pie y todos como si fuese obvio, me dijeron que había sido la cola de una manta raya, y que debía ir de urgencia al hospital porque eran venenosas.

Lo único que sabía hasta ese momento sobre manta rayas era que Steve Irwin, el cazador de cocodrilos, había fallecido por la cola de una manta raya. No sabía si era realmente cierto que podría morir, pero si ellos sonaban tan convencidos, quizás era cierto.

Estábamos bastante lejos de la entrada a la playa, así que comenzamos a caminar. El pie me dolía mucho, era un dolor punzante muy intenso y permanente que no me dejaba pisar con normalidad en lo absoluto. Con la idea de la muerte en la cabeza, no quedaba más que disfrutar ese trayecto, que podía ser el último. ¿Sería realmente así

Le dije a Gery que podía rehacer su vida, que regalara mi saco a alguien que lo necesitara, y nunca me olvidara, mientras nos acercábamos a la entrada.

Al llegar a la entrada, me senté y por el pie notoriamente afectado, algunos se acercaron a ver qué me pasaba. Nos dijeron que había pasado antes y que podía llamar una ambulancia desde la persona que estacionaba los autos. Yo me quedé ahí sentado mirando el horizonte y disfrutando mis últimos momentos, mientras Gery iba en busca de ayuda. Se acercó un vendedor que dijo que le había pasado lo mismo y que me tranquilizara porque no iba a morir. Me explicó que el veneno genera una sensación de congelamiento interno, por lo que la única forma de que me dejara de doler era poniendo el pie en agua caliente.

Esto me dejó bastante más tranquilo, aunque el dolor seguía ahí muy intenso. Gery llegó desesperada a decirme que la ambulancia venía en camino. Ella me veía muy tranquilo y no entendía nada. Cuando le expliqué, el que haya sido uno de los vendedores el que me dijo lo que tenía que hacer le pareció poco válido así no fue suficiente para que se calmara.

A los pocos minutos, la ambulancia llegó y nos dijo lo mismo, les recomiendo poner el pie en agua caliente, y esperar a que pase. De llevarnos al hospital, tendríamos que pagar y no solucionaría nada. Cosa que obviamente no queríamos.

Como no moriría, pero tenía muy claras las prioridades en cuanto a la existencia después de tal experiencia. Decidí que el dolor no era tan importante y que debía disfrutar mi vida y no ir a encerrarme en una carpa, por lo que volvimos a la playa. Nos sentamos mientras yo trataba de disimular como literalmente me retorcía de dolor. Gery me preguntaba si nos íbamos, pero de puro imaginarme cómo sería la vuelta, me estresaba y le decía que no.

En un punto, ya no daba más y le dije que nos fuéramos. Mientras caminamos, una de las personas con las que en algún momento conversé, se acercó a preguntarnos cómo nos iríamos. Cuando le contamos que llegamos a dedo, se ofreció a que su hijo nos llevara hasta el camping.

Al llegar, me dieron agua caliente, y me senté en una de las zonas comunes a disfrutar del alivio del dolor que tuve de manera constante por las últimas dos horas.

Un hombre al que había saludado cuando llegamos en la mañana al camping, se acercó a preguntarme qué había pasado, y al contarme se ofreció a ir a comprarme calmantes para el dolor. No se lo acepté pero fue de todas formas. Gery fue a buscar algo de leña, ya que aunque no podía moverme, la única forma de comer era haciendo fuego en las parrillas.

En eso, una lluvia similar a la de la mañana se lanza por unos 15 minutos. Nuestra carpa se nos mojó, la leña y las parrillas estaban también mojadas lo cual dejaba las posibilidades de comer casi en cero y yo seguía sin poder salir del agua caliente.

El hombre que llegó con los medicamentos nos contó cómo tuvo que escapar de la lluvia, y nos ofreció comer juntos con él y su familia. Era un verdadero milagro, ya que minutos antes pensábamos que moriríamos de hambre.

La familia era muy simpática y agradable, por lo que tuvimos una once muy agradable en la que terminaron ofreciéndonos llevarnos al día siguiente a Liberia, donde teníamos el resto de nuestras cosas, lo cual era más que ideal.

En eso, la señora del camping, que también tenía un hostel, nos ofreció una pieza por el mismo precio que estábamos pagando por el sitio de la carpa debido a que se nos había mojado. Nosotros no podíamos más, parecía un sueño hecho realidad. Nos fuimos motivados a dormir en la habitación que nos había ofrecido.

Al entrar, ambos coincidimos en que hubiese sido mejor dormir en la carpa mojada, pero a esas alturas decir que no, habría sido una falta de respeto. Lleno de arañas por todos lados y quien sabe más, yo aún con algo de dolor, pero mucho menos intenso, nos acostamos en esa cama de una plaza, nos abrazamos y nos entregamos al sueño, luego de un largo día.

La gente de Costa Rica es notablemente más cálida que cualquier otra sociedad con la que hayamos tenido la suerte de toparnos, y estaremos por siempre agradecidos de habernos ayudado tanto, en esta y durante todo el tiempo que estuvimos en éste maravilloso país.

A los pocos meses, en ese mismo viaje, cuando estábamos en Galápagos, tuve la oportunidad de estar en el mar, con varias manta rayas nadando alrededor. Fue un momento mágico, que significó algo mucho más íntimo, justamente por haber vivido esto meses antes.