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Viajes Baratos

LA SUERTE DE VIAJAR

La fortuna de Viajar

Siempre hemos sido conscientes de lo afortunados que hemos sido al tener la posibilidad de viajar, pero una de las ocasiones en las que más afortunados nos hemos sentido en términos de la vida misma, fue la primera vez que fuimos a India.

Fue una de las paradas de un crucero que tomamos, y al llegar nos dimos cuenta de lo diferente que era todo. Antes de eso obviamente sabíamos lo que era India, pero en el contexto en el que estábamos, lo hacía muy claro.

A pesar de que estábamos en un crucero, nuestra realidad no era la misma de la mayoría de los viajeros del barco.

Estábamos en medio de un viaje largo, y nuestros recursos eran mucho más limitados, lo que hacía de cada dólar algo valioso.

Al bajarnos, negociamos con un tuktuk, un paseo por la ciudad de 3 horas, a un precio notablemente menor comparado con los pasajeros que tomaron los tours ofrecidos por la organización del barco.

El paseo fue increíble. Vimos un elefante, centros religiosos hinduistas, budistas y cristianos.

Pasamos por una lavandería (muy distinta a la fábrica en la que trabajamos) en la que decenas de personas lavando a mano, eran observados por cientos de turistas que con sus cámaras registraban algo que para ellos parece de siglos en el pasado.

También pasamos por unas tiendas de especias y por un puerto en el que se pueden apreciar unas mallas que utilizan para pescar de una manera muy única y artesanal.

El paseo por la ciudad fue increíble realmente. A pesar de eso, habían otras cosas que también percibimos. Gente pidiendo en las calles, algunos caminando descalzos, con una temperatura bastante alta y desagradable.

Las calles muy sucias, al igual que el puerto, el cual era bastante hediondo.

Las calles llenas de motos principalmente y otros vehículos, todos luchando por pasar primero. En conclusión, a nuestros ojos, una vida bastante caótica. Pero claro, estábamos en un país totalmente distinto al nuestro, en el que conviven miles de dioses, miles de millones de personas, en el que aún sobreviven las castas y matrimonios arreglados, en el que los ríos están tremendamente contaminados, y dónde la pobreza se encuentra en cada esquina.

Luego de las 3 horas que estuvimos en ese recorrido, volvimos al barco, en el cual una fila gigantesca de gente esperando a entrar nos esperaba. En principio, el calor nos hizo sentir incómodos y enojados, no había ningún tipo de consideración por la gente mayor que estaba ahí también a todo sol  (Al menos había 35°C) . Al cabo de unos minutos, entramos y subimos directo al comedor. Nos sentamos en una ventana que daba hacia la ciudad, y nos servimos un gran plato combinando ensaladas y otros platos.

En ese momento, como si la cabeza hubiese vuelto a funcionar, nos miramos con Gery, y era como si los dos hubiésemos estado pensando en lo mismo.

Éramos muy afortunados. Afortunados de tener la posibilidad de estar ahí, con toda esa comida a nuestra disposición, en un barco de lujo, lleno de gente igual o más afortunada que nosotros. Afortunados de tener la posibilidad de estudiar y además, hacerlo sin estar endeudados, como muchos de nuestros pares en la universidad, afortunados de poder estudiar y luego poder trabajar en algo que nos gustara y que el dinero de eso fuese destinado para nada más que no fuese para nosotros mismos, afortunados de tener la capacidad de vivir con nuestros padres y ahorrar, afortunados de nacer en la familia que nacimos, en la que gracias a su esfuerzo y propia fortuna, nunca nos faltó nada. Afortunados de nacer sanos, haber sido amados, y con inteligencia. Y por último, afortunados de nacer en el momento en que nacimos y en el lugar que nacimos, ya que si no fuese así, nada de lo que hemos logrado habría sido posible. Por más esfuerzo que hubiésemos hecho, por más afortunados que hubiésemos sido después de nacer, nuestra vida habría sido muy distinta.